Andamios en Patrimonio Histórico: Guía técnica para la restauración de Bienes de Interés Cultural (BIC)

Vista de altura desde una estructura auxiliar, ejemplo de seguridad en andamios para patrimonio histórico e iglesias, con la Catedral de Murcia al fondo.

La intervención en un Bien de Interés Cultural (BIC) o en un edificio histórico catalogado plantea desafíos únicos que no existen en la edificación convencional. En estos proyectos, el andamio debe cumplir una doble función: permitir el trabajo de los restauradores y, al mismo tiempo, garantizar la integridad absoluta del monumento.

Para arquitectos y responsables de patrimonio, la prioridad es siempre la conservación. Por ello, la elección de los medios auxiliares debe regirse por principios de reversibilidad y mínimo impacto.

Desde ALEA, repasamos las consideraciones fundamentales que deben tenerse en cuenta al planificar accesos y estructuras temporales en entornos históricos.

 

Montaje de andamio autoportante en el interior de un edificio histórico, diseñado para proteger columnas y bóvedas sin usar anclajes mecánicos.

 

La prioridad: Evitar anclajes en la fachada

En la construcción moderna, lo habitual es fijar el andamio a la fachada mediante taladros y anclajes mecánicos. Sin embargo, en muros de sillería histórica, mampostería antigua o revestimientos delicados, esta práctica suele estar restringida o directamente prohibida para evitar daños irreversibles.

Ante esta limitación, el sector del andamiaje ofrece soluciones técnicas diseñadas para ser estables sin necesidad de perforar el paramento:

  • Estructuras autoestables: Se trata de configuraciones diseñadas para soportar su propio peso y las cargas de trabajo mediante el estudio de su geometría y base de apoyo.
  • Uso de contrapesos: Para garantizar la estabilidad frente al viento, especialmente cuando no hay amarres a la pared, es habitual recurrir a sistemas de lastrado en la base del andamio, siempre calculados para evitar el vuelco.
  • Distribución de cargas: Dado que el suelo alrededor de catedrales o palacios puede ser también histórico o arqueológicamente sensible, es crucial planificar cómo se apoya el andamio, utilizando elementos de reparto (durmientes) que distribuyan el peso y protejan el pavimento.

 

Operarios trabajando sobre un andamio multidireccional adaptado a la fachada durante una restauración BIC (Bien de Interés Cultural) sin dañar la piedra.

 

Protección de los materiales históricos

Más allá de la estabilidad estructural, el simple contacto entre el andamio y el edificio requiere precauciones. El objetivo es evitar roces, manchas o transferencias de óxido a la piedra.

Las empresas especializadas suelen emplear elementos de interposición o protecciones en los puntos donde la estructura pueda tocar el edificio. El objetivo es crear una barrera física que amortigüe el contacto y asegure que, al retirar el andamio, la fachada quede exactamente igual que estaba.

 

Adaptabilidad a formas complejas

A diferencia de los edificios modernos de líneas rectas, el patrimonio histórico se caracteriza por formas orgánicas, cúpulas, arcos y elementos salientes como cornisas o gárgolas.

Para acceder a estos puntos sin dañarlos, se recurre generalmente a sistemas de andamio multidireccional. La versatilidad de estos sistemas modulares permite:

  • Configurar la estructura siguiendo la forma del edificio.
  • Crear voladizos o ménsulas para salvar obstáculos arquitectónicos sin tocarlos.
  • Ofrecer plataformas de trabajo a diferentes alturas para que los restauradores puedan acceder a cada detalle con seguridad y ergonomía.

 

Cubiertas provisionales

En intervenciones que afectan a los tejados o cubiertas del edificio, es frecuente la instalación de cubiertas temporales sobre el andamio. Estas estructuras tipo “paraguas” tienen la función de proteger el interior del edificio (bóvedas, frescos, estructuras de madera) de la lluvia y el sol mientras duran los trabajos de restauración.

Dado que estas cubiertas actúan como una “vela” frente al viento, su instalación requiere un estudio pormenorizado de la estabilidad del conjunto para garantizar la seguridad en todo momento.

 

Conclusión: Experiencia y planificación

Intervenir en el patrimonio histórico es una labor de equipo donde el proveedor de andamios debe actuar con la misma sensibilidad que el restaurador.

No se trata solo de montar una estructura metálica, sino de entender el valor del edificio que se está protegiendo. Por ello, contar con empresas que dispongan de experiencia en este tipo de entornos y capacidad técnica para planificar el montaje es la mejor garantía para el éxito de la restauración.

 

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Si tienes entre manos un proyecto de restauración o rehabilitación en un edificio protegido, en ALEA encontrarás empresas especializadas con la experiencia necesaria para abordar el montaje con las máximas garantías.

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